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    Protesta estudiantil con clima de fiesta termina en batalla campal en Chile

    Una de las mayores protestas estudiantiles este martes en Chile, que arrancó como un carnaval callejero con baile al ritmo de tambores, culminó con gases lacrimógenos, corridas y violentos choques entre policías y manifestantes en las calles de Santiago.

    Los estudiantes volvieron a reclamar como en semanas recientes una educación pública gratuita y de calidad, con una multitudinaria convocatoria por el centro de la capital chilena que reunió unas 130.000 personas, según los organizadores, y 50.000, de acuerdo a la policía.

    Miles de encapuchados, ataviados con cascos y máscaras antigases, se enfrentaron con piedras y palos a un grueso contingente de las fuerzas especiales de la policía que los aguardaba al final de la marcha por gran parte del centro capitalino.

    Con palos sacados de construcciones aledañas, los encapuchados levantaban barricadas para impedir el avance de las fuerzas especiales. Mientras, desde decenas de carros policiales la policía los enfrentaba con chorros de agua y gas lacrimógeno.

    Por momentos, la batalla campal cedía y daba paso, a metros de distancia, a una fiesta al ritmo de tambores.

    Una decena de estudiantes bailaba capoeira y otros cientos los apoyan con palmas, mostrando los contrastes de estas manifestaciones de estudiantes que se han reiterado las últimas semanas en Chile.

    Esta vez recibieron apoyo del Colegio de Profesores y de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la mayor multisindical del país, que llamó a sus afiliados a marchar junto a los estudiantes, quienes desde el año pasado exigen una profunda reforma al sistema educativo chileno, uno de los más caros y desiguales del planeta.

    La manifestación, de las más masivas que se han realizado este año, arrancó en las afueras de la Universidad de Santiago, en el oeste de la capital chilena, para avanzar por varias cuadras de la céntrica avenida Alameda hasta enfilar hacia el sur por la avenida España, en pleno barrio universitario.

    "Valientes muchachos, sigan adelante", les escribió en un cartel Beatriz, una profesora jubilada que marchó varias cuadras junto a los estudiantes antes de alejarse al ver estallar los primeros enfrentamientos, con los que han concluido la mayoría de las protestas estudiantiles.

    "Son ellos los que echan a perder todo. Pudo haber sido todo muy bonito; mejor me voy", se queja ante la AFP Javiera, una estudiante de 15 años, que mira a lo lejos cómo arde una inmensa barricada levantada por encapuchados con el rostro cubierto para no ser identificados y protegerse del gas lacrimógeno, lanzado a diestra y siniestra por la policía.

    Algunos comenzaron también a usar cascos de bicicleta para protegerse de las piedras que caen de diversos lados y mascarillas anti-gas de todo tipo.

    Los enfrentamientos empañaron el carácter festivo que han tenido la mayoría de las multitudinarias manifestaciones de estudiantes, más parecidas en algunos pasajes a un carnaval callejero.

    Para los dirigentes estudiantiles, esos choques violentos dan argumentos al gobierno para 'criminalizar' el movimiento de los jóvenes y desvían el foco de atención de sus demandas.

    "Espero que cuando termine el día estemos hablando del fortalecimiento a la educación pública, la 'desmunicipalización' (de los colegios públicos) y el fin definitivo al lucro" en la educación privada, dijo uno de los principales dirigentes estudiantiles, Gabriel Boric.

    Hasta ahora, y tras las más de 40 marchas que se realizaron el año pasado, son contados los manifestantes que han terminado enjuiciados, pese al alto número de detenidos con los que culminan las protestas estudiantiles, en las que parecen pagar justos por pecadores, en medio de un fuerte accionar policial, criticado por varias organizaciones de derechos humanos.

    En este contexto, han surgido casi de manera espontánea los llamados 'Observadores de derechos humanos', voluntarios que concurren a las marchas para obtener registros escritos y fotográficos del actuar de la policía chilena.

    "Salimos a las calles para evidenciar y denunciar hechos de violencia contra las personas, para que no se repita lo que tuvimos que vivir durante la dictadura de (Augusto) Pinochet (1973-1990)", explicó a la AFP, Marta Cistena, representante de la Casa memoria José Domingo Caña, que agrupa a unos 16 observadores.

    "Hoy vemos absolutamente desproporcionado y desbocado el accionar de Carabineros. En este minuto, la policía cree que puede hacer lo que quiere en la más total y absoluta impunidad. Creo que no se están cuidando de las formas", agregó Cistena.

    Un estudiante chileno choca con la policía antidisturbios en una protesta en el centro de Santiago de Chile el 28 de agosto de 2012.

    Un estudiante chileno choca con la policía antidisturbios en una protesta en el centro de Santiago de Chile el 28 de agosto de 2012.

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