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    Cuentos para temblar de miedo

    Buenos Aires, 4 de agosto (Télam, por Mora Cordeu).- Adrenalina pura exudan los cuentos de William Sansom (1912-1976) reunidos en "No mires abajo", un encadenado de temores reales e imaginarios de los protagonistas, como un muestrario para el lector de las multiples acechanzas que dan vueltas en el recorrido de la vida.

    Historias que disparan un miedo irrefrenable a partir de una situación límite o no, en las cuales cualquiera puede sentir la precisión de esas sensaciones a través de una escritura -de las mejores en el mundo inglés de la postguerra- que escanea las mentes para describir, con los más mínimos detalles, los pasos previos al horror.

    Maestro del relato corto, Sansom viajó por Europa, trabajó en un banco, fue redactor publicitario y se alistó como bombero voluntario durante la Segunda Guerra Mundial, antes de convertirse en escritor.

    Publicó las novelas "The face of Innocence", "The Body"; colecciones de cuentos ("Fireman Flower", "Three", "Something terrible", "Something Lovely"); crónicas de viajes, libros infantiles y una biografía de Marcel Proust.

    El miedo está presente siempre en "No mires abajo (La bestia equilátera): de manera desembozada en la primera historia ("La escalera vertical") que nos sumerge en un vértigo sin fin al borde del abismo, o por el contrario se dibuja de a poco en "Pansovic y las arañas", donde el disparador es una simple fobia cuyo desenlace muestra el efecto letal de un ataque de pánico.

    Con minuciosidad, Sansom talla estas ficciones cortas que surgen a veces de su propia experiencia como en "Los testigos" en la que un bombero apaga las llamas montado sobre una pared, haciendo equilibrio con una manguera cuya potencia él no maneja -sí otro bombero con el que ha tenido una discusión- y puede arrojarlo en medio del fuego.Y con cierto tono autobiográfico en "La pared": "Ese largo segundo me mantuvo hipnotizado, con las botas de goma pegadas a la vereda. Toneladas más toneladas más toneladas de ladrillo al rojo vivo suspendidas en el aire sobre nuestras cabezas entumecieron toda iniciativa. Yo solo podía pensar. No podía moverme".

    "Unos metros más adelante, se erguía el edificio incendiado. Un minuto antes no habria podido distinguirlo de cualquier otra insípida atrocidad victoriana en llamas. Ahora, en cambio, podía identificar hasta el más mínimo detalle", apunta.

    En "Una mujer poco frecuente", un joven recién llegado a Roma desde el campo, descubre a una mujer misteriosa que lo invita a su casa en una velada cada vez más inquietante que culmina con un brazo que se estira y se abre paso por las cortinas de la cama, la larga alfombra hasta llegar a la puerta y apagar la luz.

    Y ese clima alucinatorio se desliza a lo truculento en un escenario pergeñado por un comandante que va afilando su sadismo propinándole patadas a unos viejos, aplastando un cigarrillo en la mano de una niña, hasta que se topa con la bella Gaustette y encuentra, por fin, el "Punto de saturación".

    ¿Alguna vez escurrieron una tela mojada? Es el comienzo de "La sábana blanca", donde unos cautivos deben tratar de cumplir esta consigna para ser liberados por su carceleros, un cuento que deja ver su impronta kafkiana, mientras que en "Tentaciones varias", una chica logra en un principio confundir a un asesino en serie, sorprendido ante una presencia femenina carente de atractivos.

    "La habitación pequeña", es el último espacio que transita la hermana Margherita -un lugar minúsculo, claustrofóbico, sin ventanas- en el que observa el tapiado ejecutado por cinco monjas, en castigo por no haber cumplido sus votos de castidad.

    La mala fortuna se abate en "Tutti frutti", por la incredulidad de un joven sueco que llega a Niza de vacaciones y vive una experiencia superadora de sus mejores fantasías. Pero esta dicha lo desequilibra y termina por caer de bruces sin alcanzar nunca esa felicidad inesperada.

    Quizá la más light de estas once historias, "Dificultades con un bouquet", describe el sinuoso camino de la inseguridad, poblada de sensaciones contradictorias que en este caso malogran con un gesto una posibilidad en ciernes. (Télam).-mc-gel 04/08/2012 10:42

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